Brecha digital

Cuando hablamos de brecha digital nos referimos a la desigualdad que existe entre personas, empresas o determinadas zonas geográficas en cuanto al acceso a las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). Sin este acceso, una parte de la población carece de las llamadas “habilidades digitales”, tan necesarias en la actualidad.

Si especificamos más concretamente el concepto de “brecha digital” y nos detenemos a analizar estas diferencias comparando las oportunidades de hombres y mujeres nos topamos con la brecha digital de género.

Según la UNESCO, factores como la zona geográfica, los recursos económicos, el sexo, la edad, la educación o la lengua son determinantes, y se convierten en aspectos que influyen directamente en la brecha digital de género.

Se han definido tres tipos de brecha digital de géenro:

  1. PRIMERA BRECHA DIGITAL DE GÉNERO. La primera brecha digital de género comenzó en la década de 1990, cuando las TIC empezaban a ganar terreno en la vida cotidiana y los aspectos económicos y educativos, sociales repercutían directamente en la dificultad de acceso a las TIC de las mujeres.
  2. SEGUNDA BRECHA DIGITAL DE GÉNERO. Desde principios de siglo y con la llegada de internet, la segunda brecha digital de género aparece como un impedimento para que las mujeres puedan recibir la formación adecuada para conseguir las habilidades digitales que requiere el día a día en la actualidad, como navegar por internet o realizar compras online.
  3. TERCERA BRECHA DIGITAL DE GÉNERO. Muchos estudios indican que hoy estamos ante la tercera brecha digital de género, muy potenciada por los roles de género y los estereotipos de la sociedad patriarcal. Esta tipología se centra, concretamente, en las diferencias entre trabajadores y trabajadoras en los sectores de las TIC y las tecnologías: en la actualidad, solo un 13% del personal profesional de estos sectores son mujeres. Ha quedado descrita como las distintas formas de utilización de las nuevas tecnologías según los sexos. Este tipo de brecha no se articula de la misma manera en personas adultas, que en adolescentes.

 

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